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15 de enero de 2012

Mar Muerto
























Si algo define a esta imagen, es el absoluto protagonismo de la bañista. Su ennegrecido cuerpo le delata ante un fondo marino, casi albino, en absoluta calma. Nos mira atenta, a través del antifaz de sus ojos, tan níveos como sus ingles.

Observamos a dos bañistas; uno flota sobre las salinas aguas del mar muerto, -ejercicio saludable y divertido donde los haya-, y nuestra protagonista toma un baño de barro, con supuestas propiedades curativas. Ignora la fiabilidad de su método purificante, pero no duda en aplicárselo porque....”Allá donde fueras, haz lo que vieras”.

Es canaria y no está acostumbrada a estos menesteres. Si en alguna ocasión me reencuentro con ella, hecho poco probable, no dudaré en observar sus rostro, intentando vislumbrar el más mínimo rastro de la beneficiosa huella dejada por el lodo, y a continuación le preguntaré si vivió el mar Muerto con la intensidad que un servidor captó esta instantánea. 

23 de marzo de 2011

Al Natural

Cuatro personas, dos parejas y un mismo camino. Destino indefinido, probablemente ninguno concreto, simplemente caminar por la playa.

Dos pasean su piel desnuda y  bronceada con la cabeza erguida e imaginamos que la mirada dirigida hacia la línea del horizonte, ese que nunca se tuerce salvo cuando hacemos alguna foto. Sus cuerpos son orondos y llevan el paso cambiado. Su firme compostura denota confianza y seguridad en sí mismos. Es una pareja ya madura.

Al su izquierda, como si de una cuidada composición se tratara, otra pareja coincide durante unos instantes a su altura. El contraste es bestial y la oportunidad de plasmar la imagen, única. Dos jóvenes de piel clara, enrojecida por el Sol él, cabeza gacha y paso lento, con el tradicional  traje de baño ambos y pareo ella, amén de los tocados que cubren su cabeza.

Si hubiéramos contratado figurantes para la fotografía, no hubieran interpretado la escena mejor que estos anónimos bañistas marbellís, a los que agradecemos que nos hayan regalado esta dual y veraniega toma.

A veces, algunas veces, el destino se alía con nosotros y juega a nuestro favor. Quizás, sólo quizás, el destino es una quimera inexistente que nos ayuda a justificar nuestros anhelos.