La primera feria taurina del año se celebró en pasado fin de semana en la localidad madrileña de Ajalvir.
La llamada "feria del frío" se vino a menos climatológicamente hablando, puesto que los 14 grados que rondaban en el albero fue, sobretodo, inusitado.
Lo que sí se vino arriba fueron las ganas de gustar de los de luces y el trapío de las reses presentadas.
Aquí va un resumen gráfico de los dos festejos celebrados.
2 de febrero de 2016
17 de diciembre de 2015
Miguel González García. Un fotógrafo de pueblo.
El pasado mes de Agosto, mientras
me encontraba realizando un reportaje fotográfico durante las fiestas
patronales de Perales de Tajuña, me resultó extraña la ausencia de Miguel.
Supe de la existencia de Miguel,
allá por 2010 y de inmediato mostré interés en saber más de su persona. Preguntando
me dieron reseñas de él y de su paradero. No trascurrió ni un mes cuando decidí
llamarle por teléfono y exponerle el motivo que me llevaba a conocerle.
Casualmente había conocido una
pequeña parte de la obra fotográfica de Miguel en el “Lagar de Nemesio”,
restaurante de Perales de Tajuña donde exponen una selección interesante de sus
fotos, a la sazón, pueblo natal del fotógrafo, y fue allí donde me cautivó.
Las imágenes que vi, tomadas en
la década de los años 50 del siglo XX, mostraban el ambiente rural de la España
de la posguerra y trasmitían magistralmente ese sabor popular de unos
escenarios que el paso de los años había transformado. En cierto modo, el
trabajo de Miguel me recordaba al de Virxilio Viéitez.
Me habían dado reseñas de Miguel
González García, como la de un hombre reservado, y parco en palabras. A pesar de todo, le llamé y concerté una
visita a su casa.
Una mañana de domingo fue el día
señalado. En su domicilio se encontraba junto con su mujer, la cual estaba
impedida postrada en una cama. En una pared de la misma habitación destacaban
los álbumes de fotografía, rigurosamente etiquetados y ordenados en una gran
estantería.
Le dije a Miguel que tenía
interés en comprarle varias fotografías, las cuales pase a reseñarle, en cuanto
a temática, lugares y escenas costumbristas. El aceptó de buen grado y quedamos
emplazados días más tarde cuando las tuvieses positivadas.
Pasadas alrededor de un par de
semanas, recibí la llamada de Miguel comunicándome que ya tenía el trabajo
realizado para que pasara a recogerlo, hecho que hice en cuanto tuve ocasión,
estando expectante por poseer unas imágenes que deseaba de forma especial.
Llegado el momento de la entrega
de las fotos, tuve una cierta decepción dada la mala calidad de las copias que
me entregó; a pesar de haberle comunicado que deseaba unas copias fotográficas
obtenidas de sus negativos originales, lo que me entregó fueron unas
impresiones malas, positivadas por una impresora casera y obtenidas mediante
copia de las fotos y no de los originales. Pero, debido al respeto que me
causaba, no le dije nada, abonándole las fotografías al precio que me pidió,
sin duda desorbitado.
Aproveché para realizarle varios retratos,
a pesar de la reticencia inicial que mostró. Miguel era un tipo especial que
seguía disfrutando de la fotografía. Ese mismo día me contó que se había
desplazado a Alcalá de Henares con el único fin de pasar el día en la localidad
cervantina haciendo fotos con su cámara compacta digital. Sin duda, resultaba
anacrónico verle disparar con una tecnología que no hubiera imaginado cincuenta
años atrás.
En el salón de su casa, junto con
un óleo que reproducía una fotografía suja del tren del Tajuña en la estación
de Perales, aparecía una foto enmarcada de su autoría, en la que varias
peraleñas saltaban a la comba, regalo que le hizo la Comunidad de Madrid con
motivo de su participación en “Madrileños, un álbum colectivo”, proyecto de
creación de un archivo fotográfico de la Comunidad de Madrid conformado a
partir de las imágenes que conservan los ciudadanos en sus álbumes familiares.
Siempre fui consciente de la
importancia del archivo fotográfico de Miguel y así se lo hice saber,
brindándome a que colaborar en su conservación mediante la digitalización de
sus negativos de 35 mm. El motivo de mi propuesta no era otro que el de poder conservar
y dar a conocer la obra de Miguel, la cual algún día tendrá que ser reconocida
tal y como se merece.
Miguel, declinó amablemente mi
propuesta, sin dar explicación alguna. Aunque pienso que yo le transmitía
confianza, la iniciativa que le expuse no se encontraba entre sus prioridades
ni sus necesidades. Miguel sí valoraba su obra, pero en cambio, ni se sentía
protagonista de su propia obra, ni quería serlo. Síntoma de esta personalidad
humilde y reservada, fue las palabras que me dirigió tres años más tarde,
cuando quise realizarle una entrevista en video centrada en su trabajo
fotográfico: “Raúl, no quiero dejar
ninguna huella ni impronta de mi paso
por esta vida”.
La ausencia física de Miguel en
las fiestas de 2015 de su pueblo me hizo preguntar por él y fue en ese momento
cuando me comunicaron que el pasado invierno había fallecido. Debía contar con
alrededor de 91 años, quizás 92.
Todavía me viene a la memoria su
figura apostado en la puerta de su casa de la calle de Enmedio, esperando,
cámara en mano, la carroza que porta la Virgen del Castillo, que procesionando,
hace un alto en su camino para rendir un pequeño homenaje a la persona que
tantas veces la inmortalizó.
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| Miguel González García. Perales de Tajuña. Foto: © Raúl Barbero Octubre 2010 |
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| Niños jugando delante de la ermita de San Sebastián. Perales de Tajuña (Madrid). Foto: Miguel González García. |
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| Tren del Tajuña en la estación de Perales de Tajuña. Foto: Miguel González García. |
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| Vista de cuevas habitadas en Perales de Tajuña. Foto: Miguel González García. |
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| Vista de calle en Perales de Tajuña. Foto: Miguel González García. |
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| Calle de Enmedio. Perales de Tajuña. Foto: Miguel González García. |
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| Trillando en la era. Perales de Tajuña. Foto: Miguel González García. |
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| Ermita de San Isidro. Perales de Tajuña. Foto: Miguel González García. |
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| El tren del tajuña a su paso por el risco de las cuevas. Perales de Tajuña. Foto: Miguel González García. |
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| Miguel González Garcia junto a Raúl Barbero. Perales de Tajuña. Foto: Fco. Javier Zamorano. 15/8/2014 |
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Miguel González García. Perales de Tajuña. Foto: Raúl Barbero 15/8/2014
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| Miguel González García junto con la carroza de la Virgen del Castillo. Perales de Tajuña. Foto: Raúl Barbero 15/8/2014 |
5 de noviembre de 2015
Juan Manuel Castro Prieto, Premio nacional de Fotografía 2015
Me alegra enormemente el galardón que le acaban de conceder a Juan Manuel.
Nos conocimos personalmente hace algunos años, durante la presentación en "La Fábrica" de un libro de fotografía y tras una breve charla me invitó a acudir a los encuentros fotográficos que por aquel entonces empezó a organizar en su estudio taller cercano a la Gran Vía madrileña: Auth’ Spirit, a los cuales he asistido con asiduidad.
Por estos encuentros han pasado lo mejores autores de la fotografía española, y nos han deleitado con su buen hacer, sus experiencias y con la proyección de sus trabajos.
Juan Manuel es un tipo afable, cercano y humilde, que huye de cualquier protagonismo, aunque hoy, no se librará de él.
Gracias Juan Manuel por toda tu obra y por la generosidad de abrirnos las puertas de tu estudio. ¡Enhorabuena maestro!
29 de octubre de 2015
Paralelismos III
23 de octubre de 2015
Paralelismos II
Añado una nueva foto a la serie de parecidos razonables. Podéis ver la anterior entrada en: http://elarrabaldelaimagen.blogspot.com.es/2012/12/paralelismos.html
En este caso se trata de una fotografía en color del maestro Robert Capa, tomada en 1951 y de una imagen mía tomada en Gandía allá por 2008.
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| © Robert Capa. "Mujer tomado el sol en la playa de Biarritz " 1951 |
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| © Raúl Barbero. Mujer tomando el sol en la playa de Gandía. 2008 |
13 de julio de 2015
1 de julio de 2015
LA ÉPOCA OSCURA. A quien corresponda o la irremediable necedad del ser humano.
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| Un ciudadano se manifiesta contra la denominada "Ley Mordaza". Madrid. 30 Junio 2015 |
Cuando se produce un desastre
natural como un terremoto o una inundación, ¿imaginas cual es el bien más
valorado por las personas que pierden su hogar en esa catástrofe?
Es el álbum de fotos familiar.
Sí, y tanto es así, que vuelven al lugar de la tragedia en su incesante búsqueda.
Las fotografías forman parte de nuestra vida y
ver imágenes del pasado nos hace revivir momentos felices, divertidos, y nos
transporta a un pasado cercano que nos inunda de sentimientos y emociones. En
definitiva, la fotografía tiene el poderoso don de hacernos revivir una época que ya no volverá. De ahí
el elevado valor –y merecido- que le otorgamos a las imágenes.
Hacemos más fotografías que nunca.
Ya en 2011 se decía que en dos minutos se hacían más fotografías que en todo el
siglo XIX. Es lo que nos ha legado la revolución digital, pero…. no todo son
parabienes.
Si no ponemos remedio, dos hechos
convertirán las primeras décadas del siglo XXI en LA ÉPOCA OSCURA.
El primero de ellos concierne a nuestros hábitos y es la no
conversión de nuestras imágenes digitales en soportes físicos como es la
fotografía positivada en papel.
Sí o sí todo archivo digital se
perderá pasado el tiempo y no perdurará ni podremos legarlo a nuestros hijos.
Dicen que hay dos clases de
discos duros (sí, esos dispositivos donde almacenamos nuestros archivos
digitales): los que se han roto y los que se van a romper. Siento comunicar
esta mala noticia, pero el futuro no es
alentador. Por muchas copias de seguridad que tengamos, nada ni nadie nos
asegura la perdurabilidad de las imágenes digitales o la compatibilidad con los
futuros dispositivos de lectura (¿o acaso dispones ahora de un ordenador de sea
capaz de leer la información almacenada en los clásicos y populares diskettes
de antaño?).
Pero, parémonos un momento a pensar… ¿qué pasa
con las fotografías de nuestros padres, abuelos y bisabuelos? Que las
disfrutamos a día de hoy, por el simple hecho de estar en un soporte físico – y
no digital- llamado papel.
Me gusta la fotografía antigua y
de hecho colecciono fotografía española del XIX e inicios del XX como daguerrotipos, ferrotipos, albúminas,
gelatino-bromuros, en diversos soportes como cristal, acetato, papel, etc.. y
disfruto de ellas tras más de 130 años de existencia, y… ahí están, como la
Puerta de Alcalá. ¿Podremos decir lo mismo nuestros nietos de las fotos que hoy
hacemos? Mucho me temo que no, salvo que las positivemos en papel o en algún
soporte físico.
El segundo de los hechos que convertirán a nuestra época en oscura,
son las incomprensibles normativas y leyes que nos prohíben realizar
determinadas tipos de fotos.
Hoy entra en vigor la denominada
Ley Mordaza y uno de los aspectos más controvertidos es la prohibición de publicar
fotografías a las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado “cuando pongan en
peligro la seguridad personal o familiar de los agentes, de las instalaciones
protegidas o en riesgo el éxito de una operación”, o lo que es lo mismo, en mi
opinión, se deja a criterio del policía fotografiado la interpretación de una
ambigua norma, que ha denunciado Amnistía Internacional: “Captar imágenes de la
policía, ya lo hicieran periodistas u otras personas con cámaras o teléfonos
móviles, ha ayudado en ocasiones a difundir información sobre el uso excesivo
de la fuerza por parte de la policía”, y eso “no gusta a determinados
estamentos”.
Otro ejemplo de norma que no se
entiende es la prohibición de publicar fotografías de edificios públicos y algún paisaje que se rigen por derechos de
autor y copyright.
Si te vas a París con tu pareja y
os hacéis un selfie con el fondo de la torre de la torre Eiffel de noche, ni se
te ocurra publicarla en facebook o en alguna red social, bajo el riesgo de que
te multen por infringir la ley que protege el especial iluminado de este
emblemático lugar.
¿Una foto de Notre Dame o el
Louvre? No lo hagas, no piensen que te
vas a lucrar con ella y ¡zas!, sanción al canto.
Y ¿qué me dices de los suntuosos
hoteles de Las Vegas? Pues que tienen su imagen licenciada bajo derechos contra
uso comercial. Y lo mismo ocurre con el
Uluru, la famosa roca gigante de arenisca que caracteriza a Australia, el cual
es lugar protegido por derechos contra uso comercial.
Podríamos seguir enumerando los
lugares donde nos impiden ejercer el noble y lícito arte de la fotografía como
Museos, cementerios, e incluso determinados chefs prohíben hacer fotos a los
platos en sus restaurantes.
Otro “simpático aspecto” surgido
de la mente de algún bienpensante es la
necesidad de disponer de autorización de las personas que sean identificables
en una fotografía que has tomado en plena calle, y que utilices, por ejemplo
para presentar a un concurso.
¿Te imaginas practicar la street
photography, tan en boga hoy en día, y tras cada toma dirigirte al susodicho
que acabas de conservar en bits pidiéndole que te firme un documento que te
autorice a utilizar la foto donde él aparece? Yo desde luego, no estoy
dispuesto a ello.
Hace no mucho leía
que “lo maravilloso y preciado de toda esta documentación que se ha generado en
los últimos 160 años de toma de fotografías, nos dice quienes y como hemos
sido, de dónde venimos y como ha sido el mundo en todo sus detalles visuales”.
De seguir con estas prácticas restrictivas a la toma de imágenes, no podrán
decir lo mismo las generaciones venideras, a las cuales, por activa o por
pasiva, se les está limitando su derecho a conocer su pasado, es decir, nuestro
presente.
Las sociedades se han ido forjando culturalmente a
golpe de click y espero y deseo que así siga siendo.
Así que, esas fotos que tienes
almacenadas en la tarjeta de memoria de tu cámara digital, en un disco duro o
en la micro sd de tu móvil, por el bien de tus preciados recuerdos,
positívalas, y con ellas crea y conforma tu Álbum de Fotos familiar, antes de
que sea demasiado tarde. No dejes que se borre la memoria de tus vivencias.
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