22 de febrero de 2017

Pepe Algara, el último tahonero. 1ª parte


Carabaña. Noche del 26 al 27 de Marzo de 2016.

Pepe Algara es un buen tipo. Parco en palabras,  me recibe en el horno de la calle Cruz a la una de la madrugada. Nos esperan cinco horas por delante, media noche de grata y sincera compañía la que me brinda.

Curtido como tahonero, sus 40 años de oficio delatan la maestría que tiene. Una única bombilla de tungsteno ilumina la estancia, y junto al bulbo, un cartón colocado en dirección al horno, lo ensombrece, permitiendo ver el estado de la cochura.

Mientras voy disparando el obturador de mi cámara, le formulo algunas preguntas. Tengo inquietud por conocer algo de su trabajo, aunque en realidad, mi deseo es saber todo lo que piensa y valorar su trabajo como corresponde.  Sus respuestas son concretas y concisas, sin apenas modular su voz.

Aprecio cierta resignación y pena cuando me comenta que en 2016 cumplirá 65 años y se jubilará, y, al no haber nadie que continúe con el oficio, la tahona se perderá.

Arguye que el suyo es un oficio muy sacrificado que nadie quiere y que “eso de trabajar de lunes a domingo todas las noches del año no va con muchos jóvenes”.

Las dos amasadoras están en funcionamiento cumpliendo con su cometido; son máquinas que me recuerdan a la época pre-industrial, y ni Pepe recuerda la antigüedad que pueden tener.

Ahora Pepe está solo haciendo el pan, pero no siempre fue así. Su cuñado, Félix del Amo -que viene de saga de panaderos- le acompañó en el horno durante toda su vida hasta que hace unos años se jubiló. En aquel momento Pepe tuvo que esforzarse en realizar esta labor de forma solitaria, y convertirse, de este modo, en una persona “multitarea”.

De vez en cuando su mirada se dirige a mí, que no paro de fotografiar cada uno de sus pasos y movimientos, y tengo la sensación de haberme convertido en el último baluarte del este milenario oficio que quiero y deseo registrar.

La harina que utiliza es molida en Aranda de Duero, y él se abastecía de ella primero en el cercano pueblo de Villarejo de Salvanés y luego más tarde en Arganda.

Los carabañeros llevan apreciando las hogazas de pan candeal y el pan de Viena durante generaciones. A diario Pepe hace 100 barras de distinto tipo: grandes, pequeñas, con y sin sal…, mientras que los fines de semana la producción asciende a unas 250 unidades.

Una vez amasado el pan, Pepe desgrana el amasijo en trozos que hace pasar por una báscula que no necesita, pues tiene tomado el pulso al tamaño que necesita, en un movimiento sincronizado y automático, para después hacer volar los pedazos a la mesa que tiene al lado, donde previamente ha espolvoreado harina.

Yo intento cazar con mi cámara el vuelo de la compacta masa de harina, agua, levadura, sal y unos polvos, como Pepe los llama, y que dan consistencia al pan, pero fracaso en el intento.

Me fijo en sus manos cuando estira y arrolla la masa, y  acariciándola, la va armando,  dándola forma deseada. Sus uñas enharinadas dan fe de una maña sin igual y acreditan el sacrificio que me había mencionado. Ignoro el tiempo que moldea cada trozo de masa, pero a mí se me hace eterno.

Mientras arrolla, Pepe está pendiente de la amasadora y se dirige a ella para echarla un ojo. Advierte que tiene que compactar más la masa añadiendo algo de harina y se dirige al saco para satisfacer el ansia del “pseudo rotavator”

Cuando ya ha llenado una amplia tabla con los panes cilíndricos, es hora de... (continuará).




























































19 de febrero de 2017

Barrio de Malasaña, Madrid.

Influenciado por el gran César Lucas, ayer tomé el pulso al barrio de Malasaña, y aquí os dejó el singular y variopinto paisaje humano que me encontré.

































2 de febrero de 2017

Paralelismos VI

Una nueva fotografía  correspondiente a la serie "Parecidos razonables".


© Raúl Barbero. New York. 2016

© Berenice Abbott. New York 1932

13 de diciembre de 2016

Superluna de Santa Lucía (13 Diciembre)

Hoy también hemos tenido superluna y he intentado encuadrarla en las 4 torres de Madrid, pero contra los elementos atmosféricos no se puede luchar.
Las nubes tapaban por completo los rascacielos de Madrid y apenas dejaban vislumbrar algunas de sus lineas.
En la imagen, la luna sobre la tercera torre.
Ante esta adversidad, he improvisado un plan B, donde la parroquia de la asunción de nuestra señora, de Pozuelo de Alarcón, toma protagonismo junto a nuestro satélite natural.
Datos Exif: Canon 5d Mark III + Canon EF 70-200 mm. f/2.8 L IS USM + Canon EF Extender 2X III
ISO 1600, 1/80 s., f/6,3, a 400 mm.
Trípode, cable disparador remoto, espejo levantado, medición puntual.
(La segunda igual, pero ISO 2000, 1/125 s., f/5,6, a 270 mm.)
Distancia de la toma: 13 kms.

Superluna de Santa Lucía sobre las 4 torres de Madrid, tapadas por densas nubes.

La parroquia de la asunción de nuestra señora, de Pozuelo de Alarcón, toma protagonismo junto a la superluna de Diciembre.